Este es uno de aquellos CDs que cualquier flautista, aficionado o no a la música antigua, debería tener en su discoteca particular. Los encargados de llevar a cabo esta deliciosa grabación no podían ser otros que el archifamoso Wilbert Hazelzet y sus habituales compañeros Jaap ter Linden, Jacques Ogg y Konrad Junghanel. Nadie como ellos ha sabido captar el espíritu de la música barroca francesa.
Todo está pensado para recrear al más mínimo detalle el ambiente musical que debió haber en la chambre del rey Luis XIV: la afinación a a=385, la utilización de instrumentos franceses y el uso del bajo contínuo habitual para la música francesa -viola da gamba, tiorba y clave-, perfectamente combinados según el carácter de cada pieza.
Es de destacar el fluido diálogo musical que se crea entre la flauta y el bajo, que nos evoca diferentes situaciones y escenas, propias de los cuadros de Watteau.
Además, la ornamentación utilizada, muchas veces improvisada, es precisa, pulcra y de un gusto y refinamiento exquisitos -algo difícil de encontrar en grabaciones de este tipo-. Todo esto, unido al delicado timbre de la flauta Hotteterre utilizada por Hazelzet, crea la atmósfera idónea para la música de Le Romain.
Resulta inevitable soltar algún suspiro después de escuchar piezas como el Pourquoy, doux rossignol o el Rondeau de la Suite en do menor, tan magistralmente interpretados.
La grabación se reeditó en 2000 dentro de la colección Glossa Reprise.
Desgraciadamente, en la actualidad el disco se encuentra descatalogado y es complicado encontrarlo ya en muchas tiendas. Va a ser por tanto un auténtico lujo poder tener este CD entre nuestras estanterias.
Antoni Pons
|